Hipnoanálisis e hipnosis clínica 

 

La hipnosis es un estado de atención profunda que nos permite apartarnos por un momento del ruido cotidiano y dirigir la mirada hacia nuestro universo interior. No perdemos el control ni dejamos de ser conscientes de lo que sucede. Al contrario: permanecemos presentes mientras atendemos de una manera diferente a nuestras emociones, sensaciones, imágenes y asociaciones.

En mi trabajo, la hipnosis no consiste en imponer sugestiones ni en decirle a una persona lo que tiene que sentir, pensar o hacer. Me interesa comprender antes de intervenir. No arranco síntomas, no peleo con las defensas ni impongo soluciones. Primero exploramos para qué están ahí, qué función han cumplido y qué intentan proteger. Desde esa comprensión, permitimos que aparezca otra posibilidad.

El hipnoanálisis nos permite profundizar en ese proceso. A menudo sabemos qué nos ocurre, pero no comprendemos por qué reaccionamos de determinada manera, por qué repetimos ciertas conductas o qué nos impide avanzar. Durante el trabajo pueden emerger emociones, sensaciones corporales, imágenes, asociaciones o escenas que adquieren un profundo significado para la persona.

No necesito considerar esas escenas una reproducción exacta de lo sucedido. La memoria no funciona como una grabación y la hipnosis tampoco la convierte en una.

Lo verdaderamente importante para mí es qué expresa lo que aparece, qué emoción contiene, qué significado tiene para la persona y cómo se relaciona con aquello que está viviendo en el presente.

Ahí comienza una parte esencial de mi trabajo: resignificar la vivencia. No podemos cambiar lo que ocurrió, pero sí comprenderlo desde otro lugar, atender lo que quedó pendiente y transformar la manera en que aquella experiencia continúa influyendo en nuestra vida.

Por eso no utilizo el hipnoanálisis para encontrar una verdad escondida en el pasado. Lo utilizo para comprender el presente. Cuando comprendemos de dónde procede una respuesta, qué sentido tuvo y por qué continúa activa, dejamos de relacionarnos con ella de la misma manera.

No cambiamos quiénes somos. Comprendemos lo que nos condiciona, resignificamos lo vivido y recuperamos libertad para responder de una manera diferente.